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El amor al prójimo se ha enfriado

   

MILLONES de personas se sienten perdidas y desdichadas, sin saber adónde ir por ayuda. Una empresaria jubilada relató: “Cierta noche vino a mi puerta una viuda que era vecina mía y me dijo que se sentía sola. Aunque fui cortés, le contesté francamente que estaba ocupada. Ella se disculpó por la molestia y se marchó”.

Lamentablemente, aquella noche la viuda se suicidó. La empresaria manifestó después que había aprendido una “dura lección”.

Las consecuencias de la falta de amor al prójimo suelen ser trágicas. Durante los conflictos étnicos suscitados en Bosnia-Herzegovina, región que formó parte de Yugoslavia, más de un millón de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares y decenas de millares fueron asesinadas. ¿Quiénes fueron los responsables? “Nuestros vecinos —se lamentó una joven que fue expulsada de su aldea—. Gente que conocíamos.”

En Ruanda, centenares de millares de personas fueron brutalmente asesinadas, a menudo por sus propios vecinos. “Los hutus y los tutsis [vivían] juntos, se casaban entre sí, sin que les importara o incluso sin que supieran quién era hutu y quién era tutsi”, informó The New York Times. “De pronto algo cambió” y “comenzaron las matanzas”.

Del mismo modo, aunque en Israel conviven judíos y árabes, muchos se odian. Algo parecido ocurre entre católicos y protestantes en Irlanda y entre otros grupos que van en aumento por todo el orbe. Nunca en la historia ha sido tan desamorado el mundo.

¿Por qué se ha enfriado el amor al prójimo?

El Creador suministra la respuesta. Su Palabra, la Biblia, llama al tiempo en que vivimos “los últimos días”, un período en el que, según la profecía bíblica, la gente no tendría “cariño natural”. Con respecto a estos “tiempos críticos, difíciles de manejar”, llamados también en las Escrituras “la conclusión del sistema de cosas”, Jesucristo predijo que “se enfriar[ía] el amor de la mayor parte”. (2 Timoteo 3:1-5; Mateo 24:3, 12.)

El desamor al prójimo es, por lo tanto, una de las pruebas de que vivimos en los últimos días de este mundo. Felizmente, también significa que este mundo de gente impía pronto será reemplazado por un mundo nuevo y justo regido por el amor. (Mateo 24:3-14; 2 Pedro 2:5; 3:7, 13.)

Ahora bien, ¿tenemos realmente motivos para creer que tal cambio es posible, que todas las personas pueden aprender a amarse las unas a las otras y a convivir en paz?

 
   

Editado en 1997

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