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¿Son inofensivos
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¿Qué tiene de malo el juego?
A JOHN, mencionado en el artículo anterior, lo dominaba el juego.* Tras su mudanza a Australia, se casó con Linda, quien también jugaba. La adicción de John fue de mal en peor. “Pasé de comprar billetes de lotería Casos como el de John no son infrecuentes; parece que la fiebre del juego aflige a sociedades enteras. La revista USA Today publicó que entre 1976 y 1997 hubo un espectacular aumento del 3.200% en la cantidad de dinero gastado en juegos legales en Estados Unidos. “Antes se consideraba un mal moral y social, pero hoy día el juego es un pasatiempo socialmente admisible”, dice el periódico canadiense The Globe and Mail. Y a continuación señala una de las razones del cambio de actitud: “El nuevo concepto es consecuencia directa de lo que quizá constituya la campaña propagandística |
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Una epidemia de adictos al juegoSegún un cálculo del Departamento de Investigación sobre las Adicciones de la Facultad de Medicina de Harvard, en 1996 hubo en Estados Unidos “7.500.000 adultos adictos al juego en mayor o menor grado”, y otros “7.900.000 adolescentes con el mismo problema”. La Comisión Nacional sobre el Impacto del Juego incluyó tales cifras en un informe presentado ante el Congreso Estadounidense, en el cual se advertía que la cantidad de jugadores podría ser en realidad considerablemente más alta que la indicada. Se calcula que la adicción patológica al juego, llamada ludopatía, pasa una factura de miles de millones de dólares al año a la sociedad estadounidense en concepto de pérdida de empleos, problemas de salud, subsidios de desempleo y programas de rehabilitación. Tal cantidad, sin embargo, no refleja en absoluto el sufrimiento que ocasiona el juego a familiares, amigos y compañeros de trabajo, como consecuencia de robos, desfalcos, suicidios, violencia doméstica y maltrato infantil. Un informe australiano indicó que cada jugador puede llegar a perjudicar directamente a diez personas. Hasta “el 50% de los cónyuges y el 10% de los hijos son víctimas de malos tratos por parte del ludópata”, según el Consejo Nacional de Investigación, de Estados Unidos. |
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Adicción contagiosaAl igual que ciertas enfermedades, parece que la adicción al juego se transmite de una generación a otra. “Los hijos de jugadores patológicos son más propensos a actividades [consideradas] delictivas [en Estados Unidos], como fumar, beber y consumir drogas, además de correr un riesgo mayor de caer en la ludopatía”, afirma el informe de la Comisión Nacional sobre el Impacto del Juego. Asimismo advierte que “los jugadores adolescentes tienen más probabilidades de convertirse en ludópatas que los adultos”. El doctor Howard J. Shaffer, director del Departamento de Investigación sobre las Adicciones de la Facultad de Medicina de Harvard, dice: “Cada vez existen más pruebas de que el juego ilegal entre la juventud aumenta a un ritmo, como mínimo, proporcional a la oferta de juego legal”. En cuanto a la posibilidad de que los ludópatas den mal uso a la tecnología de Internet, el doctor Shaffer agrega: “Creo que tal como el fumar crack cambió la forma de tomar cocaína, la electrónica cambiará la forma de jugar”. Aunque suele decirse que el juego ofrece una diversión inocente, para los adolescentes puede ser tan adictivo como cualquier otra droga ilegal y puede llevarlos a conductas delictivas. Un sondeo realizado en el Reino Unido entre jugadores jóvenes reveló que “el 46% robaba dinero a sus familiares” para mantener el vicio. Pese a todo lo expuesto, una influyente asociación de la industria de los juegos de azar justifica su labor promotora diciendo que “la gran mayoría de los estadounidenses que disfrutan del juego no sufren problema alguno”. Aun cuando pensemos que el juego no tiene ninguna repercusión negativa en nuestra economía o en nuestra salud, ¿cómo influye en nuestra espiritualidad? ¿Existen buenas razones para no jugar? Examinaremos estas cuestiones en el siguiente artículo.
* Véase el recuadro “¿Soy adicto al juego?”, en las págs. 4, 5. |
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| Publicado en ¡Despertad! del 22 de julio de 2002 |
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