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¿Son inofensivos

los juegos de azar?


En esta serie:
Los juegos de azar, fascinación universal
¿Qué tiene de malo el juego?
Huya de la trampa del juego

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¿Qué tiene de malo el juego?

“Los cerca de doscientos noventa mil jugadores habituales que hay en Australia generan pérdidas superiores a 3.000 millones de dólares al año. No solo es desastroso para ellos mismos, sino también para el millón y medio de personas que se ven directamente afectadas por su quiebra, divorcio, suicidio y desperdicio de tiempo en el empleo.”—J. Howard, primer ministro de Australia (1999).

A JOHN, mencionado en el artículo anterior, lo dominaba el juego.* Tras su mudanza a Australia, se casó con Linda, quien también jugaba. La adicción de John fue de mal en peor. “Pasé de comprar billetes de lotería —cuenta— a apostar a las carreras de caballos y a jugar en los casinos. Acabé jugando casi todos los días. A veces perdía todo el sueldo y no me quedaba nada para pagar la hipoteca ni mantener a mi familia. Aunque ganara mucho dinero, seguía jugando. Era la pasión por ganar lo que me entrampaba.”

Casos como el de John no son infrecuentes; parece que la fiebre del juego aflige a sociedades enteras. La revista USA Today publicó que entre 1976 y 1997 hubo un espectacular aumento del 3.200% en la cantidad de dinero gastado en juegos legales en Estados Unidos.

“Antes se consideraba un mal moral y social, pero hoy día el juego es un pasatiempo socialmente admisible”, dice el periódico canadiense The Globe and Mail. Y a continuación señala una de las razones del cambio de actitud: “El nuevo concepto es consecuencia directa de lo que quizá constituya la campaña propagandística —financiada por el Estado— más costosa y larga de la historia de Canadá”. ¿Qué repercusiones ha tenido en algunas sociedades la promoción de los juegos de azar?

 


Entre las consecuencias de la adicción al juego figura la falta de dinero para mantener a la familia

 

Una epidemia de adictos al juego

Según un cálculo del Departamento de Investigación sobre las Adicciones de la Facultad de Medicina de Harvard, en 1996 hubo en Estados Unidos “7.500.000 adultos adictos al juego en mayor o menor grado”, y otros “7.900.000 adolescentes con el mismo problema”. La Comisión Nacional sobre el Impacto del Juego incluyó tales cifras en un informe presentado ante el Congreso Estadounidense, en el cual se advertía que la cantidad de jugadores podría ser en realidad considerablemente más alta que la indicada.

Se calcula que la adicción patológica al juego, llamada ludopatía, pasa una factura de miles de millones de dólares al año a la sociedad estadounidense en concepto de pérdida de empleos, problemas de salud, subsidios de desempleo y programas de rehabilitación. Tal cantidad, sin embargo, no refleja en absoluto el sufrimiento que ocasiona el juego a familiares, amigos y compañeros de trabajo, como consecuencia de robos, desfalcos, suicidios, violencia doméstica y maltrato infantil. Un informe australiano indicó que cada jugador puede llegar a perjudicar directamente a diez personas. Hasta “el 50% de los cónyuges y el 10% de los hijos son víctimas de malos tratos por parte del ludópata”, según el Consejo Nacional de Investigación, de Estados Unidos.

 


La popularidad de los juegos de azar crece a un ritmo alarmante entre los jóvenes

 

Adicción contagiosa

Al igual que ciertas enfermedades, parece que la adicción al juego se transmite de una generación a otra. “Los hijos de jugadores patológicos son más propensos a actividades [consideradas] delictivas [en Estados Unidos], como fumar, beber y consumir drogas, además de correr un riesgo mayor de caer en la ludopatía”, afirma el informe de la Comisión Nacional sobre el Impacto del Juego. Asimismo advierte que “los jugadores adolescentes tienen más probabilidades de convertirse en ludópatas que los adultos”.

El doctor Howard J. Shaffer, director del Departamento de Investigación sobre las Adicciones de la Facultad de Medicina de Harvard, dice: “Cada vez existen más pruebas de que el juego ilegal entre la juventud aumenta a un ritmo, como mínimo, proporcional a la oferta de juego legal”. En cuanto a la posibilidad de que los ludópatas den mal uso a la tecnología de Internet, el doctor Shaffer agrega: “Creo que tal como el fumar crack cambió la forma de tomar cocaína, la electrónica cambiará la forma de jugar”.

Aunque suele decirse que el juego ofrece una diversión inocente, para los adolescentes puede ser tan adictivo como cualquier otra droga ilegal y puede llevarlos a conductas delictivas. Un sondeo realizado en el Reino Unido entre jugadores jóvenes reveló que “el 46% robaba dinero a sus familiares” para mantener el vicio.

Pese a todo lo expuesto, una influyente asociación de la industria de los juegos de azar justifica su labor promotora diciendo que “la gran mayoría de los estadounidenses que disfrutan del juego no sufren problema alguno”. Aun cuando pensemos que el juego no tiene ninguna repercusión negativa en nuestra economía o en nuestra salud, ¿cómo influye en nuestra espiritualidad? ¿Existen buenas razones para no jugar? Examinaremos estas cuestiones en el siguiente artículo.


Los hijos de los jugadores patológicos corren mayor riesgo de convertirse en adictos al juego

El verdadero mensaje de los anuncios de loterías

 “La promoción de las loterías [...] quizá pudiera verse como una manera de inculcar valores, de enseñar que el juego es bueno o que incluso promueve la virtud”, dice un grupo de investigadores de la Universidad Duke (EE.UU.), en un informe presentado ante la Comisión Nacional sobre el Impacto del Juego. ¿Qué efecto real produce la propaganda de la lotería en la comunidad? El informe aclara: “Puede que no sea una exageración decir que el mensaje transmitido por los anuncios de loterías, a saber, que el éxito en la vida estriba en elegir el número acertado, corrompe a la población. Es posible que esta perversa iniciativa ‘pedagógica’ promulgada por las administraciones de lotería tenga a la larga el irónico efecto de reducir los ingresos estatales al disminuir el crecimiento económico. En concreto, si la propaganda socava la inclinación a trabajar, ahorrar e invertir dinero en la formación profesional propia, las consecuencias acabarán frenando el aumento de la productividad. De todos modos, confiar en un milagro no es la manera de triunfar que solemos enseñar a nuestros hijos”.

Un casino en cada hogar

 Con una fracción de lo que cuesta edificar un nuevo establecimiento de juego, se crean ahora páginas de Internet capaces de convertir en un casino virtual cualquier hogar que cuente con una computadora conectada a la Red. A mediados de la década de 1990 había unos veinticinco sitios de apuestas en Internet. En 2001 se contabilizaron más de mil doscientos, y los ingresos del juego virtual han ido multiplicándose cada año: en 1997 ascendieron a 300 millones de dólares; en 1998, a 650 millones; en 2000, a 2.200 millones, y “se espera que alcancen los 6.400 millones” para el año 2003, informa la agencia de noticias Reuters.

* Véase el recuadro “¿Soy adicto al juego?”, en las págs. 4, 5.

 
 
Publicado en ¡Despertad!  del 22 de julio de 2002 ArribaArtículo anteriorArtículo siguiente

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