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La razón también tiende a descartar todo lo que parece totalmente vago e indefinible. No obstante, cuando en la misma encuesta se preguntó a las personas si creían en “Dios o en un poder divino”, la mayoría respondió que posiblemente exista un “Algo”. Uno de los encuestados dijo: “Creo en algo sobrenatural, pero no necesariamente en un Dios”. Los que sí creían en Dios opinaban que él “desempeñaba un papel bastante insignificante en su vida”. De modo que el informe describió el concepto de religión particular como un “mundo de conceptos difusos” y concluyó citando una de las respuestas más comunes de los entrevistados: “Creo en algo, pero no sé con certeza en qué”.
De un estudio efectuado en Canadá se obtuvieron resultados similares. La revista Alberta Report hace esta observación: “Hoy se cree en casi todo lo imaginable, pero sin ton ni son. Y cuando tratamos de determinar qué orientación dan a la vida de la gente estas creencias personales, descubrimos que ninguna. No hay una autoridad moral máxima. Así que, en realidad, no aportan nada”. Dado que quienes adoptan tales creencias están “tomando ideas sueltas del credo tradicional”, la revista utilizó la expresión “el dios fragmentado”. ¿Le parece razonable basar las creencias religiosas
Los cristianos siempre han apreciado el compañerismo, la fraternidad y la solidaridad (Hechos 2:42, 46). Pero dado que la religión particular es, como su nombre indica, propia de uno, ¿cómo va a satisfacer tales necesidades?
En realidad, ese tipo de creencia, en la que “cada persona constituye su propia Iglesia”, solo multiplica y acentúa las divisiones religiosas entre la gente. “La religión ha pasado a ser una cuestión de opinión personal [...], por lo que nos hemos convertido en un país que tiene, no varios centenares de credos, sino varios millones”, dijo la revista Alberta Report. Hay quienes incluso dicen que se trata de un tipo de anarquía espiritual.
En una entrevista con el periódico Svenska Dagbladet, el obispo sueco Martin Lönnebo dijo que “la religión particular no puede enriquecer nuestra era, y difícilmente transmitirá sus valores a una nueva época”. Esta opinión se ve confirmada hasta cierto modo por la actitud general de los padres suecos tocante a la crianza de sus hijos. Svenska Dagbladet la resume de esta manera: “Que cada uno crea lo que quiera. Y no obliguen a sus hijos a decidir. Déjenlos que escojan cuando tengan edad suficiente”.
Aunque el rotativo reconoció que transmitir a los hijos valores religiosos suele considerarse adoctrinamiento, concluyó: “El hecho de proporcionarles dichos valores puede beneficiarles y tal vez sea la única manera de que lleguen [...] a decidir por sí mismos”. En efecto, la difícil situación actual de la juventud es prueba de que la religión hecha a la medida no ha contribuido mucho a unir las familias en torno a valores sólidos que puedan transmitirse de generación en generación.
Por lo visto, ese tipo de religión no puede responder de manera consecuente y confiable a las preguntas de la vida, ni unir a la gente ni satisfacer la necesidad humana de recibir orientación moral. El artículo del periódico Svenska Dagbladet citado antes expresó la siguiente opinión: “Cuando la ‘fe’ lo abarca todo, no abarca nada. Y cuando la libertad nunca se circunscribe, se debilita”.
Es evidente que, en muchos sentidos, el que la gente se forme su propia religión no satisface sus necesidades espirituales. En realidad, ¿sería razonable que alguien esperara satisfacer dichas necesidades simplemente escogiendo creencias de diversos credos tradicionales, como si eligiera los platos más apetecibles de un bufé? Por otra parte, es igualmente obvio que la religión organizada tampoco cumple ese objetivo. ¿Adónde podemos acudir entonces?
* Jesús no predicó la reencarnación de los muertos. Él enseñó que estos se encuentran en un estado de inexistencia, como dormidos, esperando su resurrección (Juan 5:28, 29; 11:11-14).
Hindu idol: Photograph taken by courtesy of the British Museum
Publicado en ¡Despertad! del 22 de abril de 2002 |