Artículos de esta serie:
Temas relacionados:
|
|
La maltratada es culpable de las agresiones que sufre.

El marido violento no suele hacerse responsable por sus actos, que achaca a la provocación de su esposa. Hasta algunos amigos de la familia llegan a creer que se trata de una mujer difícil, y que no es raro que él pierda los estribos ocasionalmente. Pero este razonamiento defiende al atacante y acusa a la víctima, quien, en realidad, suele realizar grandes esfuerzos por calmarlo. En todo caso, no hay justificación alguna para tales abusos. La obra El golpeador: un perfil psicológico dice: “Los hombres a quienes los tribunales envían a [recibir] tratamiento por haber agredido a sus esposas son adictos a la violencia. Se valen de ella para librarse de la ira y la depresión; para asumir el control y resolver conflictos, y para reducir la tensión. [...] A menudo ni siquiera son capaces de reconocer su rol ni de tomar en serio el problema”.
El alcohol lleva al hombre a golpearla.

Aunque es cierto que hay quienes se vuelven más violentos al beber, ¿es lógico culpar al alcohol? “El agresor se escuda en la borrachera para no asumir su error —señala K. J. Wilson en su libro When Violence Begins at Home (Cuando la violencia comienza en casa)—. [...] Por lo visto, en nuestra sociedad resulta más comprensible la brutalidad si el perpetrador está ebrio. Al considerar que su compañero es bebedor o alcohólico, la agredida evita verlo como maltratador.” Tal modo de razonar, señala Wilson, quizás le haga concebir vanas esperanzas de que “si él deja el alcohol, cesará la violencia”.
En la actualidad, buen número de estudiosos ve como dos problemas diferenciados la bebida y el maltrato. A fin de cuentas, la mayoría de los consumidores de sustancias adictivas no golpean a sus cónyuges. “La razón principal por la que se perpetúan las agresiones es por su eficacia para controlar, intimidar y subyugar a las mujeres —señalan los autores del libro When Men Batter Women (Cuando los hombres pegan a las mujeres)—. [...] Aunque el alcohol y las drogas forman parte de la vida del golpeador, sería erróneo concluir que son los desencadenantes de la violencia.”
El agresor conyugal es violento con todo el mundo.

Por el contrario, muchas veces es capaz de ser un magnífico amigo con los demás. Presenta dos personalidades totalmente diferentes, como el doctor Jekyll que se transforma en el cruel míster Hyde. De ahí que a los amigos de la familia les parezca inconcebible que sea violento. Lo cierto es que escoge la brutalidad como medio para dominar a su esposa.
A ellas no les importa recibir golpes.

Esta idea probablemente se deba a la incomprensión de las circunstancias desesperadas que dejan a la mujer sin salida. Cierto, tal vez pueda recurrir a amigos que la acojan una o dos semanas, pero ¿y luego? La idea de buscar trabajo, pagar un alquiler y al mismo tiempo cuidar de los hijos desalienta a cualquiera. Además, las leyes tal vez prohíban que se marche con los niños. Algunas esposas han intentado irse, pero sus maridos han averiguado su paradero y las han hecho volver, a la fuerza o con promesas melosas. Las amistades que no logran entender los factores implicados quizás crean que a la víctima no le importa sufrir.
Regrese a Ayuda para la mujer maltratada
|
|